¿Qué pasa cuando juntas a un grupo de actores cuyo talento es enorme pero que “la industria no ha puesto en el centro de la atención”? Según Quetzalli Cortés, el resultado es la química impecable que vemos en La Oficina.

El actor, que interpreta al meticuloso Mondragón, nos habló sobre los retos de adaptar una franquicia de culto, la presión de no romper el tono y el momento en que estuvo más cerca de salirse de personaje.

Ya se estrenó La Oficina en Prime Video, una adaptación mexicana de The Office, una serie que es prácticamente un culto. En una entrevista reciente mencionaste que casi rechazas el papel porque “no querías ser partícipe de esa masacre” de adaptar algo tan querido. ¿Qué fue lo que finalmente te hizo decir “sí” y lanzarte a la aventura?

No llegué a tanto como pensar en “rechazar el papel”. En realidad, muy pocos actores en el mundo tienen la posibilidad de, a nivel práctico y económico, negarse a trabajar en algún proyecto. Pero sí que nos tenía preocupados la calidad del proyecto, porque es una franquicia con muchísimo peso y que corría el riesgo de ser muy mala si se abordaba desde el lugar cotidiano.

De las primeras cosas que pregunté cuando me dijeron que me había quedado con el papel fue: “¿Quién será el Jefe?”. Saber que sería Fernando Bonilla me dio automáticamente mucha paz. Nunca habíamos trabajado juntos directamente, pero conocía un poco de su trabajo. Saber que habían escogido a alguien que no era famoso me hizo entender que estaban en el camino correcto, y de ahí solo fue confirmándose conforme sabía más y más del proyecto.

Quetzalli Cortés

No teníamos clara esa situación en el tema laboral de la actuación; gracias por explicarnos. Continuando, la serie original tiene un estilo muy particular: la cámara en mano, las miradas a cámara, el humor incómodo. Como actor con formación en teatro físico y drama, ¿cómo fue adaptar tu técnica a ese lenguaje tan específico? ¿Fue más liberador o más exigente de lo que imaginabas?

Fue muy exigente. El tono de la serie es muy delicado: por un lado es un “documental”, entonces debe parecer que los camarógrafos están capturando la realidad de este grupo de seres humanos. Al mismo tiempo, estos documentalistas ficticios han “elegido” algunos de los momentos más extracotidianos de este microcosmos. Y para completar, es una comedia.

Pero no por exigente deja de ser placentero. De hecho, tengo la firme creencia de que cuando haces una comedia debes divertirte en el proceso, y eso no faltó.

En cuanto a mi personaje, el proceso de construirlo no fue el más sencillo al que me he entregado. Creo que en papel no era tan evidente definirlo para mí. Así que trabajé mucho en él. Agradezco mucho el trabajo que hicimos en conjunto con los directores, escritores y mis compañeros. Estuvimos tallereando las relaciones de los oficinistas y los capítulos. Fue muy divertido. Es un honor estar en un proyecto en el que veía a mi alrededor y todos mis compañeros me parecían maravillosos. Me daba miedo no estar “a la altura”. Absolutamente todos los involucrados, de todos los departamentos, aportaron algo. En este proyecto en particular hicimos, por ejemplo, una relación especial con el departamento de arte, que no es tan común.

Interpretas a Mondragón, el encargado de Recursos Humanos. En el mundo de The Office, el departamento de RH suele ser el “policía malo” o el que intenta poner orden en el caos. ¿Cómo defines a Mondragón?

Creo que Mondragón es el “policía bueno”, pero al final: policía. Podemos ver cómo, a pesar de que Jero lo trata muy mal, cuando ve que las iniciativas de Jero son positivas para el equipo, se suma con entusiasmo. Y cuando se torna abusivo, intenta ponerle un freno. Podría hacer más, pero se ciñe demasiado a las reglas. Además de que tiene poco poder práctico. Aunque a diferencia de sus compañeros su trabajo no depende de Jero, sino del corporativo, Jero es hijo del dueño y Mondra no tiene muchas herramientas para frenarlo.

Venir de una ciudad más progresista lo hace ser muy consciente de las conductas machistas, clasistas, homófobas, etc., de Jero y de sus compañeros; pero no creo para nada que se sienta superior. Y creo que, al igual que Jero, tiene una profunda necesidad de ser querido.

Trabajas con un elenco increíblemente diverso: desde Fernando Bonilla como ese jefe incómodo, hasta figuras de la comedia como “Villita”. Hay una química muy particular en el grupo. ¿Cómo fue el proceso de ensamble? ¿Hubo algún momento de improvisación en el set que te haya sorprendido y que terminó en el corte final?

Alejandra Ley lo resume de manera maravillosa: “sí somos bien raros”. Somos diferentes; pero tenemos en común una rareza individual y una pasión colectiva por hacer lo que hacemos. Todos son actores muy generosos y eso no es tan común. Supongo que es parte del resultado que obtienes cuando juntas a un grupo de actores cuyo talento es enorme; pero que la industria no ha puesto en el centro de la atención porque no somos el arquetipo de “estrellas” de televisión. Hicimos una química muy bonita.

Sí teníamos la libertad de improvisar. Pero no es como que pudiéramos hacer “lo que sea”. Hay un maravilloso equipo de escritores detrás y, teniendo muy consciente lo que debe pasar en cada escena y cómo operaban sus “ingredientes”, podíamos sumar a ello. Dicho lo anterior, la escena en la que Jero invita a los hombres a una carne asada, Fernando, en personaje, entró en una amplia descripción del itinerario. Creo que es de mis momentos favoritos. Quedó en el corte final; pero yo lo viví en persona. Es el momento que más cerca me tuvo de salir de personaje y reírme, y lo recuerdo con mucho gusto.

¿Cuál crees que es la mayor virtud de esta versión mexicana? ¿Qué le aporta al ADN de The Office que solo se podría lograr desde esta perspectiva cultural?

Me queda claro que “México supera a la IA”, y desde que se estrenó la gente nos ha compartido anécdotas y videos de cosas que suceden en México y en sus oficinas, que son muy similares a nuestra serie. Algunos, como la reciente controversia de Lord Molécula, que no creí que fueran posibles. Y mira…

Vienes de proyectos muy intensos: la película La Partida, donde exploraste una lucha de poder despiadada, y la segunda temporada de 20.000 Leguas como un héroe de resistencia. Pasar de esos registros a la comedia de cámara de La Oficina, ¿te exige un proceso de desintoxicación o te resulta más natural de lo que parece?

Me fascina jugar cosas tan diferentes. He tenido buenas oportunidades para hacerlo y también he trabajado mucho por encontrar la individualidad en personajes similares.

No sé si sea natural soltar un personaje (o encarnarlo de entrada), pero con los años es más sencillo. Y el proceso de creación tiene de manera implícita una limpieza y reestructuración para darle entrada a uno nuevo.

Quetzalli Cortés La Oficina Mondragón

Tienes una formación impresionante: CasAzul Argos, la beca en Oxford con maestros como Fiona Shaw y Eugenio Barba. De todo ese bagaje, ¿qué herramienta específica rescatas cuando te enfrentas a un personaje como Mondragón? ¿Hay algún ejercicio o enseñanza que se active automáticamente en tu cabeza al llegar al set?

En general, suelo trabajar mucho a partir de los objetivos del personaje. Es la brújula que guía a un personaje en una escena, sea algo simple o complejo.
Ya estando en escena, es importante tener los sentidos bien abiertos a lo que sucede en ese momento y, sobre todo, a tus compañeros.

Quetzalli Cortés

Esta es una pregunta obligada para un conocedor. Sé que eres fan de la original. ¿Eres más del equipo de la versión británica (de Ricky Gervais, más cruda y cringe) o de la estadounidense (más cálida y de arcos de redención)?

Me gustan mucho ambas. Creo que soy más fan de la estadounidense. Quizá porque fue la primera que vi.

¿Y cómo influyó tu favorita en la forma en que abordaste a Mondragón?

No creo que haya una influencia directa. Al menos no consciente. La primera cosa profesional que hice fue un capítulo de Una Familia con Ángel cuando tenía 13 años. Era un remake de ¿Quién es el Jefe? e incluso nos mostraban el capítulo que estábamos haciendo de esa serie como parte del proceso de producción del nuestro.

En cambio, La Oficina es más bien una nueva entrega en un “formato conocido”, una franquicia. Hay paralelismos innegables que vienen pegados a ella. Pero en el caso de Mondra no había un requerimiento de la BBC o de los directores de cómo tenía que ser. De hecho, no creo que hubiera ni siquiera un requerimiento de que existiera Mondra.

Marcos Bucay, nuestro showrunner, tenía la intuición de que Mondra es súper positivo y optimista y me dio referencias de ese tipo de personas y personajes (ninguno de ninguna versión de The Office) y yo tenía la intuición de que sería interesante ver el costo de mantenerse positivo. La frustración hirviendo tras una sonrisa.

Fuera de los sets, has hecho teatro, cine, televisión, cortometrajes independientes, etc. ¿Qué haces para desconectar cuando terminas una jornada de grabación? ¿Eres de los que se va a ver series, de los que toca un instrumento (si es que tocas alguno) o de los que necesita estar en movimiento?

Específicamente durante este proceso, al terminar cada día iba al gimnasio. Y en las raras ocasiones en las que tenía tiempo libre: jugar videojuegos.
Fuera de este proceso, me gusta mucho ir al teatro, al cine, ver televisión. Me gusta mucho consumir ficción además de hacerla.

Si pudieras elegir el próximo proyecto de tus sueños, sin pensar en rating ni plataformas, ¿qué historia te gustaría contar? ¿Volver al teatro, hacer una comedia negra o quizás dirigir algo propio?

Quiero crecer. En cuanto a historias, me gusta sorprenderme, hacer algo que no he hecho. Aunque también hay algunos clásicos que no he tenido oportunidad de tocar. El teatro nunca lo he dejado. Sí me gustaría dirigir más.
Y claro que me gustaría jugar otro protagónico como en Partida o la obra Güevos, por lo que implica esa responsabilidad en cuanto a la creación de personaje.

Para conocer más de Quetzalli, Mondragón y la dinámica de La Oficina

En el espíritu de The Office, si tuvieras que hacer una “cámara a solas” y describir a cada uno de tus compañeros de elenco con solo una palabra (o una frase muy corta), ¿qué dirías de Fernando Bonilla, “Villita” y Alejandra Ley?

Genio, inspirador, maternal.

Como Mondragón, encargado de RH, si tuvieras que presentar una queja formal contra alguien del elenco real (por robarse las miradas a cámara, por soltar una improvisación que te rompió, etc.), ¿quién sería y cuál sería el motivo?

Contra “Villita”, que nunca le dio tiempo de hacerme un Zeusín de crochet.

En una serie donde el humor incómodo es la moneda, ¿cuál fue la escena o el diálogo donde más batallaste para no reírte y salirte del personaje?

Además de la carne asada, en la obra de teatro de Jero cuando tiene relaciones con la amante de su papá interpretada por el Cholombiano.

¿Lograste mantener la seriedad o tuvieron que cortar por risas?
Tenía un bote en mi oficina, que es donde se hacen los “Talking Heads”, en el que teníamos que meter dinero cuando nos reíamos fuera de personaje. Creo que fui el que menos pagó. No fue nada fácil.

Si pudieras llevar a Mondragón a la oficina de Dunder Mifflin para que hiciera una auditoría de RH, ¿con quién crees que chocaría más instantáneamente? ¿Con Michael Scott, con Dwight o con Jim?

Con Dwight.

Tu biografía dice que has hecho desde teatro hasta acción. Si tu personaje Mondragón tuviera un talento secreto que nadie en la oficina sospecha (como cantar ópera, ser experto en parkour o coleccionar algo muy extraño), ¿cuál sería ese talento?

Creo que podría ser muy bueno en cosas físicas como las artes marciales. También creo que podría tener muchos talentos inútiles que no ha usado desde que dejó de beber.

 

Sigue a Quetzalli en Instagram: @quetzallicortes

 

Créditos

Fotografías cortesía de Quetzalli Cortés.

PR: Yconik (@yconik) y Arturo Calleja (@artur_calleja)

Texto: David Patiño Torres (@bavidbavid)